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Nota Especial

EL GRAN ROMÁN

Cuando Riquelme llegó a La Boca era un flaquito hábil. Pesaba 71 y ahora está en 79. Hoy es un crack maduro, con un alto grado de masa muscular. íAndá a sacarle la pelota...!

De cómo ese pibito esmirriado de técnica exuberante se convirtió en un estratega con peso propio, conductor y cerebro de este Boca multicampeón. De eso trata esta historia. Una novela que incluye tardes enteras de gimnasio, algunos ejercicios específicos, cuidados especiales... y sopa. Muchas cucharadas de sopa de la abuela.

Desde que comenzó el ciclo de Carlos Bianchi -julio del 98- a estos días, Juan Román Riquelme fue el jugador de Boca que experimentó la mayor transformación física. De los 71 kilos que mostraba cuando llegó en el 96 saltó a los 79 actuales. De la pinta de pibe al porte de crack. De promesa a una realidad muy palpable. No está a la altura de un Roberto Cabañas o un Claudio Caniggia, quienes fueron los últimos físicos cercanos a la perfección que pasaron por La Boca, pero Romy se fortaleció de una manera asombrosa. Y uno de los responsables de esa explosión es el preparador físico Julio Santella, palabra más que autorizada.

"Román es uno de los jugadores que más crecieron en el último tiempo. Nunca había tenido un caso de una evolución tan abrupta en tan poco tiempo. En Vélez, los chicos se desarrollaban por lo general entre la Cuarta y Quinta", comienza su explicación el Profe, didáctico como pocos a la hora de hablar de los temas que lo apasionan. Y luego desmenuza algunas ideas: "La mayoría de la gente piensa que los jugadores de fútbol ya son hombres formados, pero en realidad muchos de ellos son sólo adolescentes. Es decir, que adolecen de una inmadurez tanto intelectual como física. En el caso de Román, desde que nosotros llegamos al club, hubo un aumento importante en su porte. Entonces había un desarrollo madurativo incompleto, que finalizó conmigo. Y no es por adjudicarme méritos, porque también podría haberse completado con otro profe. Riquelme básicamente tuvo una madurez tardía".

Más allá de la modestia de Santella, el cuerpo técnico de Boca diseñó algunas rutinas específicas para estimular el crecimiento del volante. Trabajos de fuerza, fuerza rápida, explosión... Aunque nunca hubo complementos vitamínicos, ni pastillas extras. "En el fútbol, ese tema a veces no se trata con el cuidado suficiente. No es una cosa menor darle a un jugador todos los días 3 ó 4 gramos de creatina. Lo justifico en tanto y en cuanto haya un médico atrás que controle el proceso. Pero en el caso de Román no hizo falta ninguna ayuda de este tipo. Sólo había que esperar a que completara su desarrollo físico natural", agrega Santella.

Pero no todo fue color de rosa en este proceso. La sorprendente explosión de Riquelme entre julio del 98 y enero del 99, en un momento, tuvo preocupado al cuerpo técnico. "Aumentaba a ritmo de un kilo por mes, algo inusual. Por eso le hicimos como 6 ó 7 estudios corporales para tener la pauta acerca de si el peso subía por un aumento de masa muscular o de grasa. Y afortunadamente, el crecimiento se debía a un aumento de musculatura". A comienzos del 99, Román se estabilizó entre los 79 y los 80 kilos y el cuerpo técnico y médico de Boca decidió cuidarlo para evitar que sobrepasara ese peso, y porque además tiene un muy buen porcentaje de masa muscular para un jugador involucrado en la alta competencia como él. Romy roza el 50% y lo óptimo es estar unos puntos arriba de esa cifra, algo casi imposible de conseguir con los jugadores argentinos por la alimentación, rica en grasa.

Con varios kilos de lastre, Román pudo aprovechar muchísimo más su técnica natural. Ya nadie lo saca del medio con un empujoncito ni lo desacomoda con facilidad en la lucha cuerpo a cuerpo. "Mejoró notablemente en todo lo que es la defensa de la pelota, algo que es clave en este fútbol, donde abundan los roces", puntualiza Santella. Más fuerte y con el talento de siempre, Riquelme la descosió en el Clausura 99 y cumplió rigurosamente con uno de los consejos de Carlos Bianchi: probar más al arco desde afuera. Así, Román no sólo fue desequilibrante por su juego, sino por sus goles, que en total fueron 7, entre tiros libres y remates desde lejos. La Copa de este año terminó se sellar una gran campaña de Romy, aunque el Profe Santella considera que puede ofrecer más aún: "Román también mejoró el tranco con la pelota. Es muy fuerte cuando arranca, pero tiene menos predisposición a hacerlo sin la pelota. El aún no descubrió todo lo que puede dar con su físico".

De 71 kilos a 79. De promesa a crack. Y... los chicos crecen.