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Mauricio "Chicho" Serna

Después de siete meses sin jugar, Chicho Serna rompió el silencio. Dice que se cansó de mirar desde afuera, que sólo el nacimiento de su segundo hijo pudo ahogar la angustia y que ahora muere por jugar la Intercontinental frente al Real Madrid. "Estoy cero kilómetro", asegura.

Mueve sus manos más rápido que sus piernas cuando persigue rivales, la alianza de oro brilla y el anillo también dorado que dice "Chicho" baila de un lado al otro. Mauricio Serna vive así, igual que cuando adentro de la cancha despierta el famoso "Chicho, Chicho, Chicho, huevo, huevo, huevo..." de toda la hinchada de Boca. Uno de los personajes más divertidos del plantel está saliendo de la situación más penosa que el fútbol le hizo sufrir y recién ahora vuelve a regalar su sonrisa y su humor.

El 14 de enero, en un choque de verano contra River, tuvo un fuerte esguince en la rodilla izquierda que desembocó en una rotura de menisco interno. Estudios, análisis y mucha paciencia marcaron su recuperación, que se vio interrumpida por un desgarrito en el muslo derecho, mientras Boca plantaba bandera en el continente. Hoy está "cero kilómetro" y sólo espera "darle más alegría a la gente". Chicho piensa, habla, gesticula y en su discurso con voz de dibujito animado no faltan Mateo, Lucas y Cristina. Sus hijos y su mujer, en definitiva su vida. En ese tiempo, Serna no quiso mostrarse ni dar notas. Pero entendió que su regreso en la Reserva marcó el inicio de una nueva historia.

-¿Cómo vas a hacer para olvidarte de esos siete meses?
-No sé... Fueron largos, pero ya salí.

-Justo en un momento inolvidable para este plantel de Boca.
-Sí... Para mí, la lesión fue el golpe más duro de mi carrera. Yo ya había llegado a una final de Copa y la había perdido, por quería revancha. Desde el día de la lesión pensé en curarme para estar en la Copa y todo iba bien encaminado, hasta que casi sobre el alta médica me desgarré en la otra pierna y ahí se me fue toda ilusión.

-Más allá de haber ganado buen dinero con la Libertadores, tu deseo era de gloria deportiva.
-Claro, a veces es más lindo sonreír por algo así que tener mucha plata y andar escondido. En Brasil quise estar en la cancha, disfrutando desde adentro... Fue difícil, me acuerdo que reventé y lloré porque tenía un taco (sic) impresionante por dentro que recién puede sacarme en la vuelta olímpica. Pero hubiese sido muchísimo más lindo poder aportar algo, porque estando afuera no hice nada para el título. Si bien fui importante para la clasificación, en el momento de jugarla no pude estar. Me quedé feliz porque Boca ganó la Copa pero triste porque no me sentí campeón de América.

-¿Pero no pensaste enseguida en que podés tener la revancha contra el Real Madrid en Tokio?
-En ese momento no se me pasó por la cabeza. Sólo pensé en mis hijos y en mi esposa, que son todo para mí. En ese instante me detuve y me dije "bueno, ya es hora zafar y dejar la lesión de lado". Hoy, luego de jugar un partido en Reserva, siento que ya zafé. Me tengo mucha fe, no siento molestias, estoy muy bien y listo para pelear el puesto.

-¿Ahora, entonces, sí se te cruza por la cabeza la Interontinental?
-Ahora sí, sería muy lindo llegar bien a ese momento. Voy con todo por la final del mundo, quiero estar en Tokio, quiero estar en la cancha... No quiero ir como hincha, porque otra situación así ya no la aguantaría. Les digo más, para eso preferiría no viajar...

-¿Y estos rumores que hay de intereses como el del Villarreal?
-Rumores. Yo sé que tiempo atrás hubo un interés, hable con Mauricio Macri y me dijo que era intransferible. Hablé otra vez con él y me abrió las puertas. Pero no hay nada nuevo.

-¿Tomás este partido en España con más interés por eso?
-A mi edad ya no tengo que demostrar, todos saben cómo juego. Ahora sólo pienso en seguir jugando y mejorando. Arranqué mejor de lo que pensaba y también quiero volver por toda esa gente que dudaba de mi vuelta, porque quiero demostrarle que estoy otra vez cero kilómetro.

-Hablás con algo de rabia...
-Sí, porque fueron siete meses muy difíciles en lo futbolístico y en lo familiar. Por suerte pude traer a mis viejos, a mis hermanas, para que conocieran y disfrutaran de todo lo que pasa aquí. Los traje con el fin de recuperarme y que me vieran jugar, que se dieran cuenta lo que la gente de Boca me quiere, algo que no se ve a la distancia. Fue difícil, tuve que estar lejos de mi esposa porque se fue a Colombia a tener el bebé, y se llevó a Mateo...

Chicho se emociona y acurruca la cabeza entre sus manos. Es uno de esos tipos que, además de escucharlo, hay que observarlo. Contagia el sentimiento que tiene por su familia, siempre fue así, hasta en los entrenamientos que comparte con su hijo Mateo. "Ahora no lo traigo, hace mucho frío", aclara. "Para mí, ellos son la base de mi éxito. A partir del nacimiento de mi segundo hijo empecé a respirar mucho más tranquilo, porque Carlos (Bianchi) me dio la posibilidad de ir a ver el nacimiento de Lucas. Fue una alegría que necesitaba vivir".

-En el partido de Reserva se vio algo especial. A medida que las tribunas se llenaban, retumbaba más fuerte el "Chicho, Chicho, Chicho..." ¿Cómo te hizo sentir?
-Muy feliz. Lo mismo me pasó adentro del grupo, nunca me aislaron porque estaba haciendo otros trabajos, compañeros y cuerpo técnico fueron fundamentales. Otra persona muy importante para mí es Omar Buchacra, un amigo que encontré en el club, que me apoyó desde que llegué y no era nadie. Es un hermano. Y no lo hizo cuando empezó el "Chicho, Chicho..." de la gente, antes ya estaba a mi lado.

-En qué aprieto ponés a Bianchi ahora, que te tiene otra vez...
-Bueno, sí, pero él ya dijo que prefiere tener a todos bien aunque unos cuantos le pongan cara de culo, para tener la posibilidad de elegir. Yo estoy tranquilo, sé que los estuvieron por mí lo hicieron muy bien y eso me dio mucha paz. Miraba los partidos y veía que Traverso era figura, Battaglia también... En la Copa, por ejemplo, para mí hubo tres o cuatro jugadores que sobresalieron en un equipo de gran nivel. Oscar Córdoba fue fundamental, el Vasquito Arruabarrena hizo una Copa de novela, sabiendo que Samuel, Bermúdez e Ibarra jugaban de memoria, además creo que Traverso y Riquelme se destacaron, la rompieron.

-¿Cómo analizás el grupo, que en estos tiempos está algo movilizado por cuestiones como los premios o el caso Riquelme?
-Es un grupo muy fuerte, que siempre quiso salir adelante. Aunque me parece que se falla en que hay cosas del grupo que no pueden salir de ahí, y salen. A veces, ni siquiera los directivos deben saberlo. Es como un matrimonio, que el vecino no te lo puede arreglar. Hay que sentarse y, por bien o por mal, llegar a una definición. No puede venir el de la esquina a solucionar algo muy privado. Pero es un grupo muy bueno, sano, que siempre reclamó lo justo. Este plantel siempre arriesgó y puso todo, se dejó inyectar todo lo bueno que Bianchi transmitió.